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Mi infancia no se baja de la calesita en que dan vueltas los recuerdos. Ora dentro de un bote sin remos, ora en un carro de circo diminuto, ora sobre un tieso petizo ruano. Ora… Puedo afirmarlo. A fines del siglo pasado, los chicos de nuestra compinchería no gozamos los lujos ni los caprichos de hoy en día. Fue una infancia sin juguetes. Cuanto más un balero y una pelota de trapo. Jamás vimos en nuestras manos esos juguetes deslumbrantes que tienen los niños ricos. Ni falta que hacía. En compensación el ingenio suplía con palos de escoba un bello caballito de balancín o con caja vieja y cuatro carreteles una carroza de gala. Inspirada, la necesidad recurre a esas metáforas pobres, igualmente alegres. Por lo demás, la naturaleza proveía a nuestro ensueño. El aire y el agua eran nuestros. ¡Cuántas carreras de barcos, utilizando desechos, hacíamos en las correntadas del Suquía! ¡Cuántas competiciones de “cortaditas” remontando barriletes en cualquier desplayado!

ESTO FUI MEMORIAS DE LA INFANCIA - FILLOY JUAN

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Mi infancia no se baja de la calesita en que dan vueltas los recuerdos. Ora dentro de un bote sin remos, ora en un carro de circo diminuto, ora sobre un tieso petizo ruano. Ora… Puedo afirmarlo. A fines del siglo pasado, los chicos de nuestra compinchería no gozamos los lujos ni los caprichos de hoy en día. Fue una infancia sin juguetes. Cuanto más un balero y una pelota de trapo. Jamás vimos en nuestras manos esos juguetes deslumbrantes que tienen los niños ricos. Ni falta que hacía. En compensación el ingenio suplía con palos de escoba un bello caballito de balancín o con caja vieja y cuatro carreteles una carroza de gala. Inspirada, la necesidad recurre a esas metáforas pobres, igualmente alegres. Por lo demás, la naturaleza proveía a nuestro ensueño. El aire y el agua eran nuestros. ¡Cuántas carreras de barcos, utilizando desechos, hacíamos en las correntadas del Suquía! ¡Cuántas competiciones de “cortaditas” remontando barriletes en cualquier desplayado!