El recorrido que nos ofrece Raíces de mi tierra, un ensayo que recorre los lazos de la Iglesia con la Argentina entre los años bisagra 1816 y 2015, presenta hitos y figuras que han puesto su grano de arena y contribuyeron al desarrollo y al progreso del país, incluso en períodos de crisis. Cuando las situaciones políticas y sociales planteaban escenarios crispados, aparecieron personajes que esparcieron su siembra en esos momentos complicados, aunque tal vez sus aportes germinaron en períodos posteriores. La Iglesia y la comunidad tuvieron mentes y brazos que entraron en la historia silenciosamente, sin la vocación de perpetuarse en monumentos o recuerdos permanentes. Así se suceden, nos muestra el padre Riba, las figuras de fray Luis de Beltrán, el deán Funes y el propio Ceferino Namuncurá, que fue a estudiar con los salesianos para «ser útil a mi gente», impactado por las situaciones de pobreza que veía a su alrededor. Fray Mamerto Esquiú y el cura Brochero, recientemente canonizado por el papa Francisco, dejaron su huella en la historia argentina. Una hoja de ruta que bien podría ser transitada con los valores inspirados en el humanismo cristiano, enlazados con las raíces de nuestra historia antigua y presente y que el padre Juan José Riba se ocupa muy bien de discernir.

RAÍCES DE MI TIERRA ENSAYOS SOBRE IGLESIA ARGENTINA. RIBA JUAN J

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RAÍCES DE MI TIERRA ENSAYOS SOBRE IGLESIA ARGENTINA. RIBA JUAN J

El recorrido que nos ofrece Raíces de mi tierra, un ensayo que recorre los lazos de la Iglesia con la Argentina entre los años bisagra 1816 y 2015, presenta hitos y figuras que han puesto su grano de arena y contribuyeron al desarrollo y al progreso del país, incluso en períodos de crisis. Cuando las situaciones políticas y sociales planteaban escenarios crispados, aparecieron personajes que esparcieron su siembra en esos momentos complicados, aunque tal vez sus aportes germinaron en períodos posteriores. La Iglesia y la comunidad tuvieron mentes y brazos que entraron en la historia silenciosamente, sin la vocación de perpetuarse en monumentos o recuerdos permanentes. Así se suceden, nos muestra el padre Riba, las figuras de fray Luis de Beltrán, el deán Funes y el propio Ceferino Namuncurá, que fue a estudiar con los salesianos para «ser útil a mi gente», impactado por las situaciones de pobreza que veía a su alrededor. Fray Mamerto Esquiú y el cura Brochero, recientemente canonizado por el papa Francisco, dejaron su huella en la historia argentina. Una hoja de ruta que bien podría ser transitada con los valores inspirados en el humanismo cristiano, enlazados con las raíces de nuestra historia antigua y presente y que el padre Juan José Riba se ocupa muy bien de discernir.