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Para la autora el juego artístico es un espacio sanador donde la libertad, asociada a la creatividad, el deseo y la autoría se conjugan y ponen en escena los malestares, las angustias, los miedos, pero también los sueños, los deseos y la ilusión que anidan en la subjetividad de cada niño. En esta oportunidad, la autora trabaja con la obra de Agó Páez Vilaró, quien encontró en los mandalas su lenguaje plástico para transmitir su mensaje de paz. Ricardo Rodulfo, en su prólogo, señala que Jugar, aprender y sanar “es un desarrollo y una reflexión que venía faltando acerca del concepto de experiencia cultural forjado tardíamente por Winnicott. Lo concerniente a los Mandalas plasma con plenitud el sentido de aquel concepto, que hace del jugar la punta del ovillo de una larga secuencia productiva, particularizada aún más por la superación del logocentrismo ya explícita en la factura misma del libro, en su materialidad más concreta: la propuesta de Porello integra palabras con relatos, música, plástica, objetos utilizables en un collage o en una perfomance; el libro mismo lo es, una auténtica performance, que apela y necesita de la actividad imaginativa del lector que lo recorra. No se limita a su decir, hace, opera, haciendo en el plano mismo del jugar y no solo en el plano de un contenido semántico que nos envía sin cesar al juego”.

JUGAR APRENDER Y SANAR MANDALAS COMO RECURSO EDUCA - PORELLO ANDREA

$1.320
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Para la autora el juego artístico es un espacio sanador donde la libertad, asociada a la creatividad, el deseo y la autoría se conjugan y ponen en escena los malestares, las angustias, los miedos, pero también los sueños, los deseos y la ilusión que anidan en la subjetividad de cada niño. En esta oportunidad, la autora trabaja con la obra de Agó Páez Vilaró, quien encontró en los mandalas su lenguaje plástico para transmitir su mensaje de paz. Ricardo Rodulfo, en su prólogo, señala que Jugar, aprender y sanar “es un desarrollo y una reflexión que venía faltando acerca del concepto de experiencia cultural forjado tardíamente por Winnicott. Lo concerniente a los Mandalas plasma con plenitud el sentido de aquel concepto, que hace del jugar la punta del ovillo de una larga secuencia productiva, particularizada aún más por la superación del logocentrismo ya explícita en la factura misma del libro, en su materialidad más concreta: la propuesta de Porello integra palabras con relatos, música, plástica, objetos utilizables en un collage o en una perfomance; el libro mismo lo es, una auténtica performance, que apela y necesita de la actividad imaginativa del lector que lo recorra. No se limita a su decir, hace, opera, haciendo en el plano mismo del jugar y no solo en el plano de un contenido semántico que nos envía sin cesar al juego”.